martes, 12 de octubre de 2010

Poemas de Coral Bracho




Breve y logrado este poemario (Peces de piel fugaz, México, Conaculta-Verdehalago, 2002), de donde reproduzco los tres textos.


En verdad te digo que has de resucitar un día de entre los muertos
En torno al laberinto un azufroso coro de ventanas,
bajo la sombra el viento:
     Ahí, sobre la piedra hueca,
     con las manos unidas
     y los ojos
     herméticamente abiertos hacia adentro
como el aire
cuando palpa
y se agota en oscuros tentáculos la noche
avanza,
     la torre
     tiene el color violáceo
     de cristales marinos,
   el viento
se amalgama a la roca, volcánica inercia opaca
de los muros,
     Ahí, sobre la piedra hueca,
     con las manos unidas
     y los ojos
     herméticamente abiertos, se desata la niebla que se
impregna —destilada y confusa— en el agrio sopor de
las ventanas.
   Es el olor compacto,
la densidad de llaga cuando exhala, que ha fijado tu rostro
al espeso caudal del laberinto;
     Ahí, sobre la pieda hueca,
     con las manos unidas
     y los ojos
fluyes la gaseosa sustancia del derrumbe.

   —el viento se ha encajado a la roca—

La noche inflamada se estira y convulsiona la torre,
   —la cavidad que oculta tu memoria—
porque has descendido aquí con voz de muerto,
   te han sepultado,
bendito seas
han dicho, bendito para alcanzar el reino de los cielos,
     ¿perdone, qué tan lejos de aquí?
        ¿de aquí?
olvidaron mi espejo,
        ¿su espejo?
        ¿ha olvidado su espejo?
Desnudo, sobre la piedra gris,
con las manos ungidas
        y los ojos,
hurgaste,
     desentrañando gestos y plegarias,
hasta obligar la carne a su fermento,
     Perdone
Para abordar la flama de los vientos que enroscados se
   ocultan
y te acechan aguardando tu polvo,
     —tu arrasable afinidad opaca
     con las piedras—.

          El viento, incisiva secuencia de la roca,
entra a la niebla de tu cuerpo, brota
          ¿Qué tan lejos?
¿qué tan lejos se dispersa tu boca en esta celda?
               ¿qué tan pronto se plasma?
     —olvidaron mi espejo—
Olvidaron tu rostro en el momento mismo del entierro
     —olvidaron mi espejo—
Y es así que te esparces en la creación el gas que te
   contenga,
     que diluya tu imagen,
     la prolongue
     al inasible espacio de la torre,
es ahora que creces
y tu expresión
es agua y podredumbre,
tu cadencia es el rito,
   tienes
el color de la tierra el olor ancestral
de lo que hierve por un siglo de lo que no se palpa, y se
   presagia
para nacer al cauce del silencio.
     Ahí, sobre la piedra hueca,
     con las manos unidas
     y los ojos
     herméticamente
     inciertos, cumples la sentencia que se ahonda
entre las rocas:

Y es así que llegara el momento en que la carne se adueñe
De sus cambios y haga estallar, su voz, al laberinto.

Desnudo,
Sobre la piedra gris


Tocan los vitrales ocultos
Los grillos (las termitas encubren
su discurso escarlata) cimbran por sus nombres los frutos,
los helechos. Tocan los vitrales ocultos
(las termitas recorren en silencio los ecos)
por el vaho vigilante,
la valla,
de altas noches en calma.


Piezas pequeñas
Sobre las valvas
de esta calle sedienta y aprisionada,
los enanos incrustan
pequeñas piezas de nácar.


Imagen: Vía esta página.

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