martes, 28 de septiembre de 2010

Poemas de Eduardo Hurtado



Muy sólido este poemario Ciudad sin puertas (México: Toledo, 1991), de donde tomamos los textos, con una voz sosegada por la maduración de los recuerdos en espacios concretos que son, a su vez, pese a todas sus transformaciones, o quizá por ellas, la plataforma desde donde la memoria contrasta y re-crea. La infancia y su vivencia memoriosa, condicionada por la ciudad y sus formas de vida son, pues, los temas centrales de este libro. Sea.


Glosa
Veo
lo que me dicta el deseo
Siento
lo que ignora el pensamiento
Vivo
empeñado en ser testigo
de las razones del viento.

La ciudad tiene glorietas,
panteones y laberintos
El valle sigue insistiendo
en allanar los caminos
--lo descubro en estas flores,
ni silvestres ni del prado,
que brillan como señales
sobre la piel del asfalto
Veo
lo que me dicta el deseo

Una flecha de dos puntas
en la esquina de una calle
indica que no hay manera
de llegar sin extraviarse
Doy la vuelta en el sentido
del azar arrebatado:
esta cuadra es un misterio
y recorrerla un hallazgo
Siento
lo que ignora el pensamiento

Dejo
un recado en el espejo
de los muros que se gastan
Desde sus afueras miro
la intemperie de las casas:
patios, ventanas, balcones,
espacios entre cimientos
ojos para ser testigo
de las razones del viento.


Números
En una noche oscura,
desde un lugar propicio,
bien podría contar a simple vista
seiscientas doce estrellas
en veintisiete efímeros minutos
Inmensidad y cifra,
propagación celeste de los dígitos.

Habito en la ciudad
Sueño a menudo
con saltar de azotea en azotea
hasta llegar al sitio
donde nace y se extiende la intemperie
Por lo pronto no tengo
más que un vago inventario
de rumbos, de tinacos y de antenas

Un día vi pasar
una nube de pájaros en ruta:
disposición, altura y derrotero
Sentí que todo el cielo se cuarteaba
y que la noche misma irrumpiría
en medio de la tarde necesaria
Pensé por puro instinto:
"cincuenta y cuatro pájaros emigran,
allá está el sur, vuelan las aves"
El tiempo se hizo instante
Tiene raíz y número este cuento



Dísticos, ciudad y lluvia
La lluvia en el asfalto de la ciudad cuarteada:
bajo los pis absortos, torrentes y cañadas

Van a morir los ríos en las alcantarillas
Con un salto los hombres alcanzan la otra orilla

Los gatos se adormilan, se ablandan las mujeres
La tarde juega el juego de los anocheceres

El temporal escampa, el pavimento brilla,
recomienzan las ratas, se apagan las sombrillas

Y en las plazas centrales los negros monumentos
son hongos que se esponjan entre vapores lentos.



Nota: Sobre el autor.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Collage 4



La carta decía: "Me llevo a mis desiertos tus arenas". Filón de carne seca, áureos guijarros, un retrato vacío, una carta no enviada y un trisílabo imperativo hallamos en su alforja. Me sacudo palabras de miel rancia, como pétalos secos de los libros del muerto. Dar de sedar al ve viento.
Hoy dormir sea cegar pozos. La instantánea crudeza de ser eyecciones y epicentro en llamas. Su sonrisa de abyecta, sublime, fulgió como nunca al enseñarme su álbum: sólo cuervos había. Años nictálopes, cuando sólo bebíamos del rocío sus larvas, placenta lunar del tacto, la gota y la caída. Quede intacto el fruto hasta que duela. Encuentro un libro seco entre tus pétalos.
Me sueño, isla ante tus ojos del continente desprendida.
El suplicio de Tántalo tras los renglones baldíos, agua silente a la vera de tanta sed y un Tártaro a cuestas. Ya no reconocía, Joe: otro. Se va dejando de estar, dicen. La voz empedrada del espejo.
La sal por un instante cuesta arriba de tus pómulos, promesa, cetrería; los ojos entresijos de tactos y de aromas, ciegos de piedra un gesto.
Soy el perro tumoroso. Abro tus membranas a mi vileza. Amén. 

RSR (D.R)

Nota: Este poema en prosa pertenece a una serie de textos (Ver Collage 1Collage 2 y Collage 3) conformados por algunos de mis tweets, recompuestos apenas al vuelo para dar relieve al azar de lo inconexo.
Imagen: Lava y grieta. Mía.





jueves, 23 de septiembre de 2010

Poemas de Jaime García Terrés



Conocí a este autor (México, 1924-1996) por su polémico estudio Poesía y alquimia: los tres reinos de Gilberto Owen (1980), donde propone una lectura de "Sindbad el varado" sustentada en los símbolos herméticos y bajo una clave alquímica, propuesta que si bien aporta grandes hallazgos sobre algunos versos y pasajes, adolece precisamente de intentar una interpretación unitaria de una poesía, como la del poeta sinaloense, refractaria a ser reducida a una lectura canónica, como lo han comprobado quienes han escrito sobre el autor de Perseo vencido.


Lo anterior viene a cuento para contextualizar la impresión que me ha producido leer algunos de los poemas de García Terrés, en los que, más allá del gusto o el disfrute, me resalta el aire de familia de sus letras con mis propias obsesiones y recursos, aun dentro de evidentes diferencias. Me gusta pensar que esta percepción tiene gran parte de sustento en la mutua devoción (aire de secta) hacia Gilberto Owen. Sea.


Reproduzco, pues, los poemas; todos tomados de Las manchas del sol 1956-1987 (Madrid: Alianza Tres, 1988).


Génesis
Carne el poema,
          carne
con espuelas de sangre dolorosa,
con entrañas y límites; con nervios.

Carne, luciente vida. Viva lumbre
arrancada de cuajo al seno de las horas.
Entre nubes y música, despierta;
violentamente labra sus ojos y su olfato,
sus labios invasores
y el azul laberinto de sus venas;
encuentra cielos; escudriña ocasos,
heridas, sombras, mares;

adivina el vaivén de las montañas
y la luz de los astros.
Sufre todas las cosas, las envuelve,
las destruye un momento:
y todo lo comparte, devorándolo
después de consumarse en un febril
movimiento cautivo.

Ya se le ve forjado
por la caliente lluvia de latidos.
Acaso joven; ebrio
como el agua que fluye en la cascada.
O quizá abandonado en el umbral
de una parda canción envejecida.
Pero siempre al acecho:
dueño de fieles armas que prodigan
vigilias a sus párpados.

Carne, el poema. Carne.
Manantial encarnado al duro golpe
de un corazón de luz,
ardiendo en un camino sin descansos.


Este era un rey
Y nuestra vida sigue siendo
un poco de vapor, como decía
Santiago.
Vuelan aparte los jardines
de pluma generosa. La moneda
más noble desvanece
los bordes que se fraguan.
Parte la luz. Y sólo queda
un poco de vapor en nuestras manos.

El rey ha muerto:
          que lo sepan todos.
Grandes y pequeños lloren
sobre su manto.
Al alba se fijaron los edictos.
Y ya los labios del cortejo
murmuran sin descanso la oración
suntuaria.

(Muros de olvido. Se llevaron
el rápido calor de su aposento.
Ya no suenan los días en caracolas.
Un lecho inmóvil ciega la ventana.
Se llevaron --con grave diligencia--
la forma de su rostro, las sílabas
tranquilas de su nombre.
Borraron las pisadas
y secaron las fuentes.)

Guarde también el pueblo desazón.
Campanas.
Hogueras funerales.
El rey ha muerto.

Y que diga la voz de todas las aldeas
cómo la noche se miró en sus ojos;
cómo fue escalando montañas de sombra,
mientras velaban la terraza
vanos centinelas;

          cómo
la vida es vaho,
ligera nube que humedece
la palma de la mano, y luego
nada.


*
>>Aquí reposa, caminante,
mi duda quejumbrosa.
               Mis verdades
reducidas a polvo
acrecientan el polvo que levantas.<<


Nota 1: Un fragmento de Guillermo Sheridan sobre la polémica de la lectura de García Terrés sobre Owen, en este enlace.


Nota 2: Sobre el autor.


jueves, 16 de septiembre de 2010

Minipoemas de Ricardo Yáñez


En plena era de Twitter --cuando cientos de miles de usuarios están descubriendo no un género nuevo, sino la aplicabilidad del aforismo, el cuento y el poema, de la ironía, la parodia o la crítica política en un espacio donde caben 140 caracteres--, llaman mi atención estos poemas del libro Vado (2004, México: Era-Conaculta) que a mi gusto serían tweets muy celebrados, algunos de ellos, a luz salidos al filo del agua del nacimiento de este medio de expresión y comunicación cuyo alcance como fenómeno social estamos aún lejos de atestiguar.

Si bien estos textos parecen inspirados por la forma del haikú, conforme más leemos la obra del autor hallamos la experimentación don numerosas formas métricas clásicas y tradicionales. ¿Qué pensará el autor de Twitter? Sea.


I. Puntuación
(fragmentos)

*
Sólo los ríos
se bañan siempre
en el mismo río.

*
La llama aquieta
en un silencio ausente
lo que no piensas.

*
Parece asciendo,
del cerezo más flores
están cayendo.

*
La rama es alta.
Su soledad,
es más alta.

*
Sólo se oía
el silencio del agua
que ahí nacía.

*
Un buen silencio
no solicita
desciframiento.

*
El agua nace
del agua y es la luz
su desenlace.

*
Poco a poquito
te asumes, corazón,
son infinito.

*
Ah qué la vida,
cohete, ilusión de luces
que se disipa.

*
Cómo quisiera
mi soledad quedarse,
pero me deja.

*
Puñado oscuro
de arena y mar
fue mi cantar.

*
Es arco, arquero
y flecha y cuerda y aire
al mismo tiempo.

*
Ah la parvada,
cientos de notas negras
armonizadas.

*
De la a a la zeta
se sabe libertad
analfabeta.


Imagen: Tassili (Libia). Transcripción de una pintura que representa a un grupo de arqueros. Tomada de esta página.


Nota: Algunos datos sobre el autor.

martes, 7 de septiembre de 2010

Poemas de Rafael Torres Sánchez


Tomados de su libro Fragmentario (México: FCE, 1985). Autor nacido en Culiacán, Sin., pero radicado largamente en Guadalajara (si bien mi ejemplar, adquirido en librería de viejo, está dedicado de puño y letra del autor, con fecha de 1986, en Villahermosa, Tab.). En el título de su poemario enuncia una poética, por otro lado muy común entre los poetas mexicanos en las décadas setenta y ochenta, principalmente. Tal fragmentareidad nos lleva a reproducir, como experimento, algunas de las estrofas impresas en cursivas del primero, extenso poema, "entre la ? y el ¡" (pp. 11-30).


Nunca supimos cómo
se nos fueron rompiendo las ventanas,
perdiéndose debajo de los muebles
cada vez más cosas.


Un día amanecieron los sillones
sentados en tres patas,
cubiertos por un polvo inofensivo
que se mostraba dócil al dibujo del dedo.
Una tarde el lavabo se tapó
y todo se nos fue al resumidero.


Una noche nos fuimos.
Se nos quedó el amor para otro viernes,
empezó a complicarse el apellido
en cartas espaciadas cada vez más en serio.


Si algún recuerdo queda
son esos vidrios rotos,
esa peste de caño
que a veces nos atrapa la sonrisa
llegando desde lejos
--y sobre todo de hondo--


*
Yo no sé qué le han hecho a estas calles
que ahora amanecieron puntiagudas.
Es como si un calidoscopio
hubiese sido roto escandalosamente
y alguna tijerilla se paseara
por sus protuberancias.
Así ando esta mañana,
pegándome a los postes con cuidado,
saltando al filo de las marquesinas
que se atraviesan agresivamente
como navajas puestas en la pura mitad
de estas calles vacías que camino
con mi muerte en la bolsa.

*
Yo te estoy viendo siempre.
No se me escapa ningún pliegue tuyo.
Si camino de prisa te estoy viendo
y si subo a un camión y si entro a un cine
es como si anduviera por tu cuerpo,
como si levantara tu falda y con mis dedos
trazara breves líneas en tu piel.


No estés pensando que uno se derrota
simplemente por salir el domingo perfumado,
que calla porque sí,
que espera puerta franca.


No pienses tonterías.
En realidad te estoy recuperando desde el fondo,
es decir puerta adentro:
yo te estoy resolviendo desde el patio
pues tu fachada no tiene sinónimo
y si te rayo un muro
no es mera distracción ni es estrategia,
es lo que es y por ahí se empieza:
no hay comunicación más efectiva
que las puertas de baño, 
el respaldo de asiento del camión,
bancas de parque y algunas mesas públicas.


Ábrete bien los ojos:
fíjate bien que en lugar de tú y yo
ahora te rayamos otras cosas,
por ejemplo los últimos modelos,
te pegamos el chicle en las vitrinas.


No vayas a perderte.
Abre muy bien los ojos.
No vaya a confundirte tu miopía.


Nota: Algunos datos del autor.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Visiones del rock de Oxtoby (II)





Arriba izquierda: Chuck Berry: Berry B. Good (p. 35)
Arriba derecha: Bob Dylan: knocking on Heaven's Door (p. 65)
Abajo izquierda: Elvis Presley: E. P. Rocker (p. 51)
Abajo derecha: Elvis Presley: Sunspot (p. 46)

Segunda y última muestra de los trabajos del artista gráfico David Oxtoby, de quien ya publicamos anteriormente, junto con la referencia de los mismos (Ver).



jueves, 2 de septiembre de 2010

Poemas sobre jazz de Alain Derbez y rola de Jaco Pastorius.


Transcritos del libro Amar en baños públicos (México: Joaquín Mortiz, 1992), ambos relativos a ese dialecto fecundo que es el jazz, con referencias urbanas de la Ciudad de México.


El nombre de la espera
para E. Escalante
Para empezar: Thelonious
como quien escribiera Este martillo es negro
en un papel y lo doblara en cuatro y sus submúltiplos
para andar a esconderlo en la bisagra
del piano de cola más grande de este mundo
ubicado en Brasil frente a la selva. un atáud
teutón y kilométrico, largo como Thelonious
(una vocal y dos y tres vocales, igual a un triple plei
en la novena entrada, un algo fascinante e inusual,
el milagroso escape, la reina del diptongo...)

Thelonious: Negro martillo y Monk: Thelonious
   Monk.
Lo de menos sería hablar del hombre y su capucha
girando el instrumento agarrado a una vela
y una corriente de aire a punto de apagarla
por la puerta de atrás.

Y si yo fuera puta
Y usara escapulario
Y hubiera de morir cruelmente asesinada
en un burdel de la calle de Otoño,
lo llevaría conmigo.
Y Monk: Thelonious Monk al piano, sentado
   frente al piano,
sobre el piano, exactamente igual que un estratega
   negro
en el Peloponeso comenzando en los registros
   graves
la afrenta de la historia:

De aquí para allá
          de los planeteas, las circunvoluciones,
          las cisuras, los océanos y la vulgaridad
          y excelsitud para cantarlos y para
          acorralarlos con el último olvido

De aquí para allá... es cosa mía. Y lo que saque
te lamería las zonas bajas taladrando el oído
ya habrá de abandonarte al primer parpadeo.
De aquí para allá.

De allá hacia lo que resta: tan sólo ceremonia

Thelonious Monk
(es la matrona que aclara al policía)
es el nombre de la esfera
y se ha usado de antiguo
contra la cerrazón.


All Blues
All Blues es una serie de cinco
escalas, cada una puede ser tocada
el tiempo que el solista desee
hasta completar todas.
Bill Evans
Tarde a tarde
las sábanas vacías alzan el vuelo
papalotes únicos,
momentos de sol que el viento hurta,
derriten su sombra en el asfalto.

Los conductores en el anillo periférico
lo ignoran, pero los niños de Tizapán
festejan tu partida con pedazos de cielo
y de cordel.
La mujer misteriosa
que habita en aquel cerro subiendo
hacia el Desierto de los Leones
mira todo en silencio:
     un embotellamiento más en esta zona
     de la ciudad de México, una mezcla
     de pardos y cobrizos como siempre.

Kilómetros abajo en Guadalupe
el carro de basura avisa con campanas y perros
que hay que cruzar el río.
La mujer no lo escucha ni lo ve,
ha cerrado la puerta del balcón
y ha puesto a funcionar el viejo tocadiscos.
Miles Davis, kind of Blue.

En Santa Rosa el viento se detiene.
Las luces de los autos
comienzan a reptar en Altavista
y las minas de arena se tornan de carbón.
El aire de las golondrinas y de los papalotes
es ahora murcielago de nubes.

En Tetelpan ha caído la noche.

Igual que los lagartos en la piedra
atraigo con la lengua un cuerpo
que a la memoria escapa.

La mujer misteriosa vuelve al disco:
en All Blues
ha llegado el turno de Coltrane.



Para despedir esta emisión, dejamos esta versión extraordinaria de The Chicken, emblemática de Jaco Pastorius.



Nota: Sobre el autor.