viernes, 19 de junio de 2009

Poemas de Enriqueta Ochoa y Jaime Reyes sobre José Revueltas.

En continuidad a una publicación anterior (ver), comparto dos poemas que sendos autores dedican a José Revueltas, para abonar a un aspecto poco estudiado acerca del autor de Los errores: su influencia en la literatura mexicana, que si bien no es vasta, siempre gozó y goza de acérrimos seguidores.
Comparto primero un poema a él dedicado por Enriqueta Ochoa (en Retorno de Electra, México, SEP, 1987, Lecturas mexicanas, 39-40).
Desmoronada en el misterio...
Desde dentro, remota y frágil,
la soledad te sobró, niña doliente
desmoronada en el misterio.
Era invierno cuando naciste,
y se te entró el frío en el pecho
como al pulmón el aire.
Hoy el hueco más tibio te hiela hasta la médula.
¡Cuántos maderos se ahogan en el río
bajo el peso de una memoria absurdamente intacta!

Yo te invito esta tarde
en que la luz gotea sobre las hojas de los párpados
a que saquemos a flote los maderos hundidos.
No fue fácil el tiempo, ni lo será la muerte;
pregúntaselo a esta tarde nerviosa
que revuelve en mi mesa las palabras.
A veces pienso que esta orfandad tuya y mía
la liquidamos ya en su precio justo.
¿Y el porvenir?
quién sabe. . .,
una muda de piel
y hay estrellas que se levantan temprano, todavía
a pesar del naufragio y salen húmedas, frescas,
sacudiéndose la melena de luz como de una agua nueva,
desde el fondo de la caldera iracunda del sol.
Es el dolor que nos perpetúa, amiga,
y agrio sabor del mundo el que nos sazona.

Nieva sobre las horas últimas
y todo es un milagro;
y amorosa la urgencia de seguir siendo hombre,
de rescatar lo hundido;
de equilibrar los juicios, los valores,
y hasta la muerte misma, antes de irnos.
1967

Poeta nacida en Torreón, en 1928, de quien celebro un tono enfático que recuerda el acento de su tierra y también su sinceridad a ultranza. Si bien durante décadas ha estado a la sombra del centralismo cultural, cada vez hay más interés por estudiar y difundir su obra, sobre todo por jóvenes mujeres de letras.
El siguiente poema es de Jaime Reyes (La oración del ogro, México, Era, 1984, 9), cuyo título es a su vez dedicatoria.
A José Revueltas
1
Hacia la tarde nos protegimos del viento --erigimos muros sin]
sentido.
Sombras de oscuro polvo
regresaban coronadas,
de temor,
y en sus miradas aún temblaba el árido fuego
masticado sin rencor,
obsesivamente,
y su canto de sal entre los dientes machacado,
entre los rieles y hacia la luz de la estrecha ventana
que enlaza el mar y en su cautivo halló morada.

(Hacia la mañana más pacífica, sola y limpia
por su libertad tendimos redes de aire, de viento, redes,
y en su escala cierta luz
en que lavó la sal su olvido
--cierta luz con que el sol rindió su olvido.)

--Remota desdicha lavaba nuestras redes
en otros brazos, en otros, humeantes cristales.

Del poeta Reyes (1947-99) he leído dos de los tres libros que publicara en vida y, debo confesar, hubieron de pasar años para que su prosa poética de tono conversacional, por momentos fragmentaria y con un alto contenido social y político me atrapara. Es difícil encontrar mayores datos sobre este autor, pese a haber obtenido dos importantes premios de poesía conozco apenas detalles por personas que lo conocieron y por los textos que sobre él hay en la red. Además de la influencia revueltiana, por sus letras se escuchan ecos de César Vallejo, José Carlos Becerra y Lezama Lima, por mencionar los más claros y documentados. Vale la pena, sin duda, estudiarlo más y mejor.
Concluyo subrayando, de ambos textos, que la manera de dialogar con Revueltas es mediante pasajes álgidos de sus novelas; por medio de esa intertextualidad, ambos poetas ponen de relieve lo mismo el texto fuente, que el carácter del autor al que aluden y su propio sentir hacia ellos. En otras palabras, buscan al escritor donde está y siempre ha estado: en sus letras.
Me hacen recordar el exhorto martiano de aprender a luchar sin odio, lo cual debería yo recordar siempre (no sólo luchar y no sólo no odiar).

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